El Espíritu Humanista en el Islam

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Ponencia de Taufik Ibrahim en el Instituto de América Latina de Moscú en el marco de los seminarios "Diálogo entre las Culturas" llevados a cabo entre 1993 y 1994 por el Centro Mundial de Estudios Humanistas.

Transcripción

En el marco de la cultura musulmana, se desarrollaron diferentes tipos de humanismo: individualista, universalista, laico y religioso. La forma religiosa del humanismo se reveló de una manera más clara en el sufismo, -que es misticismo musulmán-, y sus raíces están en el Corán, que es la Palabra de Dios y en los Hadices, que son los dichos del Profeta Mahoma. Mas adelante nos detendremos en algunas ideas humanistas tomadas de éstas fuentes de la revelación divina.

En la versión del universo musulmán, el ser humano no es solamente una de las más perfectas criaturas, él representa el espejo adonde mira el mismo Dios. "Yo", dice el Creador, "He sido el tesoro ocultado, y quiero ser reconocido: por esto yo creé el mundo". Pero al inicio, antes de crear al ser humano, el mundo parecía un espejo no labrado. Cada cosa en él reflejaba uno de los infinitos "nombres" del Dios, uno de los aspectos de Lo Absoluto. Tomadas todas juntas en la forma del Universo, las criaturas consistían en algo entero, que correspondía a la conciencia de Lo Absoluto, de sí mismo. Pero, sin el ser humano, el universo no puede representar algo entero, verdadero: solamente el hombre es el que sintetiza todas las formas del ser, solamente él plasma en sí la integridad del mundo, y lo que es más importante, solamente él es capaz de tomar conciencia de ésta integridad. El hombre, el Adán se hizo verdadero, "un espejo labrado", en la reflexión divina. En el hombre, a través del hombre, el Dios Absoluto viene a tomar conciencia de sí mismo. El hombre ocupa el lugar central en el universo porque él es la causa de la aparición del mundo: "Si no fuera por tí, yo no crearía el cielo". Más aún, en concordancia con una de las leyendas del profeta, el hombre sirve de paradigma, que engendra el modelo del futuro universo. De esta manera, el hombre no es la copia disminuida del universo, su microcosmos, sino que el mismo mundo se revela como el reflejo del hombre, como macroantropos.

En el cuento coránico de La Creación del Hombre, del Adán, se dice que "el Dios dio al primer hombre la figura que ha sido compuesta de la mejor manera". En uno de los Hadices se detalla: "Dios creó a Adán a imagen y semejanza suya". El ser humano tomó una de las dimensiones divinas cuando El Creador, según El Corán, "le dio una parte de su espíritu". El hombre, que esta hecho a imagen de Dios y que tiene parte del espíritu de Dios, fue enviado por Dios para hacer de Ministro o de Califa en la Tierra y de ésta manera, lo puso por sobre las demás criaturas que la pueblan. Poniendo un especial hincapié en el estatus del hombre en el mundo, El Creador mandó a los seres supremos, a los ángeles, a rendir homenaje al futuro Rey de la Naturaleza.

Los ángeles idolatraron al hombre. Adán, según una de las versiones, mereció este tipo de honor por revelar la superioridad de su conocimiento sobre el de los ángeles. Ellos no pudieron dar nombre a las cosas, y Adán puso los nombres a las cosas. Después de eso, se dice en uno de los Hadices, Dios se dirigió a los ángeles y dijo: "Ahora está claro que Adán es el que sabe, y vosotros sois los que rezáis , y uno que sabe es mucho mejor que miles de los que rezan. Dondequiera que esté el que reza, debe reconocer la supremacía del que sabe”.

De ésta manera, el antropocentrismo musulmán se complementa con una de las ideas humanistas que, a primera vista, parece un poco paradójica: el reconocimiento de la razón humana como un valor supremo, un acento especial sobre la supremacía del saber sobre la piedad. La primacía del intelecto, de la sabiduría, se reflejo en los siguientes discursos del Profeta: "La reflexión de una hora es mejor que el servicio de setenta años"; "Por cierto que la tinta de los sabios es más preciosa que la sangre de los mártires". En el Islam, el prestigio del conocimiento es tan grande como en ninguna otra civilización. Con ésta deducción termina el libro: “El triunfo de la sabiduría", (“Knowledge triunphant”), del famoso conocedor del Oriente, el norteamericano F. Rosenthal. Es necesario mencionar que en el cuento coránico sobre la creación de los primeros seres humanos, está ausente un detalle como la creación de Eva de la costilla de Adán. En el Islam, por eso, nadie planteaba este tipo de preguntas, que los teósofos cristianos discutían en sus concilios, si la mujer es un ser humano, y si tiene alma. La antropología coránica no era terreno fértil para este tipo de conclusiones sobre la forma metafísica, secundaria de la mujer, que son las siguientes: si Adán fue creado antes que Eva, la mujer debe estar siempre callada, no puede enseñar, según dijo San Pablo, ni puede ser testigo, ni puede juzgar, según dijo San Agustín.

Según uno de los Hadices, Eva fue creada junto con Adán, y fué su hermana gemela. En la tradición musulmana, a propósito, hay otras leyendas que reproducen la versión bíblica sobre la creación de Eva de la costilla izquierda de Adán. Pero en boca del Profeta, esta leyenda adquiere otro sentido, que no va dirigido en contra de la mujer, sino en su defensa: “Ella está creada de la costilla encorvada y por esto, si quieres tenerla más recta, podría suceder que la quebrantes".

No hay motivos para el antifeminismo en la historia coránica del pecado de los primeros seres humanos. No hay menciones acerca del rol de Eva como la primera en violar la prohibición divina de comer el fruto del árbol, ni acerca de que fuera ella quien primero cedió a las tentaciones de Satanás. Aún más sustancial es, desde el punto de vista de la perspectiva humanista, el modo en que la tradición islámica disminuye el significado del pecado primitivo y lo reduce solamente a un pequeño error. Adán, según El Corán, simplemente olvidó El Testamento Divino y después se arrepintió. Dios admitió su penitencia, "Y lo acercó a sí y lo dirigió por la vía verdadera". La huída de Adán y Eva del Paraíso podemos verla no como un castigo, sino como una posibilidad dada al hombre de ganar con su trabajo en la Tierra el paraíso de la vida futura.

Como vemos, al Islam le es completamente ajena la idea sobre el pecado primitivo como un gran crimen que cambió sustancialmente la integridad de los hombres, y que en particular lo privó de su semejanza con Dios, así como también la responsabilidad que llevan todas las generaciones posteriores. Según los estudios islámicos, el ser humano por su naturaleza es inocente: no solamente nace puro, sin pecado, sino también creyente, y se transforma en alguien diferente solamente bajo la influencia de la educación y del medio.

El Corán no contiene información sobre los castigos reconocidos, a los cuales, según el cuento bíblico, fueron sometidos los primeros hombres, y después todos sus descendientes, por el pecado original. En particular, según el Islam, "ganar el pan con sudor", y mantener así a la familia, no es el castigo por el pecado original, sino inversamente es una de las acciones más devotas. Como está expresado en los dichos del Profeta, "Hay otros pecados, para redimir los cuales se puede solamente ganar el pan de cada día" o, según otra versión, "por las labores, mantener a la familia". Lo mismo "el parto de los niños, sufriendo", no es un castigo a Eva, y junto con ella a cualquier mujer en general, sino que por el contrario, según el Islam, se trata de uno de los actos más grandes de auto-sacrificio. Según El Profeta, El Creador determinó que cada vez que una mujer sufre durante el parto, se lleva cuenta de sus sufrimientos y después será premiada como una mártir divina. Si el parto terminó bien, ella tiene perdonados todos los pecados anteriores, inclusive si son muchos, aun si equivalen a la espuma del mar. Si una mujer muere durante el parto, ella también será considerada mártir y estará en el Paraíso hasta el último día, el de la resurrección, cuando podrá reunirse con su marido, superando, además, en setenta veces a las mujeres del Paraíso, a las huríes. La glorificación de la mujer madre, encontró su encarnación más clara en otras palabras del Profeta: "El Paraíso está bajo los pies de las madres”.

La orientación humanista de la fe musulmana se revela con claridad especial en su atención permanente a los intereses terrenales y a las necesidades del hombre: "El mejor de vosotros", dice El Profeta, "no es el que por lo divino rechaza lo terrenal, o a la inversa, sino el que toma de los dos". Esta en el espíritu del llamamiento coránico, "no prohibir los bienes permitidos por Dios”. El Profeta advertía a todos para que no fueran extremistas en el cumplimiento de las obligaciones religiosas. El rechazaba la devoción exagerada que se revela, entre otras cosas, en desistir de los bienes terrenales y de los placeres. Es muy conocida en este aspecto su reacción extremadamente negativa ante la decisión de uno de los musulmanes que hizo voto de celibato: "Tú te decidiste a ser el adicto de Satanás o quieres ser monje cristiano, entonces hazlo abiertamente, si quieres hacerlo. Si eres uno de los nuestros, entonces debes seguir nuestras costumbres, que incluyen la vida en matrimonio". En la forma más lacónica, la posición anti-ascética del Profeta se revela en una fórmula muy difundida: "No hay monjes en el Islam", afirmando el erotismo amante de la vida, El Islam rechaza el temor delante de la carne, el rechazo de la vida sexual como un pecado, como las maquinaciones del Diablo. "Cuando los cónyuges se acarician", dijo el Profeta, "Dios los mira con una mirada llena de bondad". El rasgo humanista de la ética sexual del Islam, consiste en subrayar el papel de la mujer como sujeto en igualdad de condiciones en las relaciones íntimas. El marido esta obligado a ser atento en la satisfacción de los deseos sexuales de su mujer. En una de las lecciones del Profeta se dice: "No ataquen a sus mujeres como lo hacen los animales, pongan el puente que son las dulces palabras y los besos". El Islam no sembraba una visión apocalíptica en sus creyentes, sosteniéndola en el temor constante frente a las catástrofes cercanas. Aunque está subrayado el carácter ineludible del final del mundo, también está dicho que "Hay que esforzarse en esta vida como si fuera eterna".

Uno de los aspectos del humanismo musulmán está relacionado con una forma especial de amar al ser humano, la bondad divina. "En el nombre de Dios, graciabilísimo, misericordioso", con ésta fórmula se abre El Corán, y cada uno de sus ciento-catorce capítulos. El Dios coránico se propuso ser misericordioso. Terminada la creación de las criaturas, dice uno de los Hadices, El Creador escribió éstas palabras y las puso en su trono: " Mi misercordia es mayor que mi ira". En otro Hádiz se dice que Dios, después de crear la Misericordia, la dividió en cien partes iguales. Una de éstas partes la distribuyó entre todas las criaturas y por ello todos los tipos del amor, cariño, merced y compasión, son parte de este mundo. Las otras noventa y nueve partes Dios las dejó para sí y las distribuirá entre la gente el Día del Juicio Final. Dios puede perdonar todos los pecados sin excepción, se dice en El Corán. En la Misericordia Divina no creen solamente los no-adoctrinados: "Juro por El, que tiene en sus manos mi alma”, dijo una vez El Profeta, “si ustedes no cometieran los pecados, El Supremo crearía a los demás para que pequen, se arrepientan y reciban su perdón".

La revelación más clara del amor de Dios por la gente, de su indulgencia para con ellos, es el orden establecido por El, según el cuál se lleva la cuenta de las acciones. Si el hombre tiene la intención de cometer un acto bueno, se cuenta como un acto bueno. Si el hombre lleva a cabo éste acto bueno, se cuentan como diez a setecientos actos buenos. Si el hombre tiene intención de cometer un acto malo, no se le cuenta nada. Después de cometer éste acto malo, se le cuenta solamente como un acto ̈”. Además, un pecador arrepentido, siempre puede contar con el perdón divino, como dijo el Profeta: "Dios se alegra más de la penitencia de su esclavo que tú del encuentro inesperado de una cosa perdida"; "Al que se acerca a Dios un paso, Dios se le acercará cien pasos; mientras uno se dirigirá a su encuentro a pie, Dios lo hará corriendo".

Nunca es tarde para que un pecador se dirija a Dios pidiendo Su perdón. Al enviar a Adán a la tierra Dios le prometió : "Nunca cerraré las puertas de mi Misericordia delante de la penitencia de tus descendientes aunque se arrepintieran en su instante postrero". Sin embargo, el pecador que no tuvo tiempo para arrepentirse durante su vida no debe perder las esperanzas de salvación, por cuanto los condenados en el día del juicio final a los sufrimientos infernales pueden contar con la ayuda de los ángeles, profetas, sabios, mártires e inclusive de los habitantes "simples" del Paraíso . Hay que mencionar especialmente el derecho dado a los niños, de la defensa de sus padres. El niño inocente que tiene la salvación garantizada desistirá de ir solo al Paraíso. Entonces, agarrándose del vestido de sus padres que son condenados por sus pecados, él los atrae, con el permiso de Dios, consigo al Paraíso. Pero aun los que van al infierno, después de cumplir su plazo como pecadores, finalmente son evacuados de allí. Este final feliz espera primero a los musulmanes - en el sentido estricto de esta palabra, los adictos de Muhamad - y en un sentido mas amplio a los monoteístas en general. Después a todos los que tienen una pizca de fe en el corazón, y finalmente, según la opinión de casi todos los interpretes del Corán, a todos los pecadores que habitaban el infierno.

Nadie debe desesperarse. Todos pueden contar con la indulgencia, inclusive los últimos pecadores y el enemigo acérrimo de Dios que es Satanás. ¿Acaso no está dicho en las Escrituras, " Mi merced es universal "?

Instituto de América Latina - Moscú 24/11/93