Esclavitud

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(der. de esclavo, dal lat. mediev. sclavus, es decir slavus, prisionero de guerra eslavo). Institución milenaria de la dependencia absoluta de un ser humano (esclavo) con respecto a otro u otros (esclavistas). El esclavo es considerado como una cosa, un instrumento vivo, que puede ser comprado, vendido, heredado, etc.

Inicialmente los prisioneros de guerra y las mujeres y niños de las tribus vencidas eran convertidos por los vencedores en sus esclavos. Luego, con el desarrollo de las relaciones mercantiles, los acreedores comenzaron a convertir en esclavos a los deudores, a sus vecinos y parientes empobrecidos.

Surgieron así grandes mercados de esclavos, que trabajaban no solo en faenas domésticas, sino también en la agricultura, en minería, en artesanía, como remeros de los barcos, gladiadores en los espectáculos, etc. Los hijos de los esclavos también eran considerados esclavos. La e. y el comercio de los esclavos pasaron a ser una rama muy próspera de la economía. Una parte de los esclavos pertenecía al estado, p. ej. los ilotas en Esparta.

Los esclavos se levantaban frecuentemente contra sus opresores. Son famosas las guerras que desataron los esclavos en la Roma Antigua en los años 135, 105-102 y 73-71 antes de nuestra era. El jefe de la última fue el célebre Espartaco.

En Haití, Toussaint Louverture encabezó la insurrección de los esclavos contra los esclavistas franceses, entre 1796 y 1802, insurrección que se coronó con la independencia de la isla.

La productividad del trabajo de los esclavos fue siempre bastante baja en comparación con el trabajo libre, pero se compensaba con el precio muy bajo de los esclavos obtenidos en innumerables guerras y operaciones piratas (la trata de esclavos era una de las fuentes más importantes de las finanzas de los imperios romano, inglés, holandés, portugués, español, etc.).

La e. fue abolida en Europa como resultado de la Revolución Francesa de 1789; luego en la América latina en el curso de las guerras de independencia; en 1833 en la India británica; en 1848 en las colonias francesas; en 1865 en los Estados Unidos; en 1870 en Paraguay; en 1888 en el Brasil.

Sin embargo, Hitler, Stalin y Mao hicieron resurgir la e. en sus imperios respectivos en la forma de campos de concentración y con el uso masivo del trabajo forzado.

Las supervivencias de la e. se mantienen hasta ahora en varios países africanos, asiáticos, en algunos estados antillanos, centroamericanos y en algunas repúblicas formadas luego del colapso de la U.R.S.S., resurgiendo a veces en formas disfrazadas.

La e. contradice a la conciencia jurídica y moral de la humanidad de hoy, lo que se refleja en los documentos de la O.N.U.

El humanismo siempre condenó y sigue condenando a la e. como institución oprobiosa, contraria a la libertad y la dignidad del ser humano.