Libertad

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(del lat. libertas, -atis). Valor supremo y esencia de la existencia humana.

En la conciencia religiosa, la l. se concibe como un don espiritual dado al ser humano y que le permite escoger entre bien y mal, pecado o bondad. Algunos teólogos tales como Böhme y Berdiaev, derivan el concepto de la libertad de la nada a partir de la cual Dios creó el mundo. En la filosofía existencialista (existencialismo) la libertad y la existencia se consideran como conceptos muy próximos.

Los partidarios del determinismo, es decir del reconocimiento de la prioridad absoluta de las causas y leyes de todos los fenómenos, colocan la l. en dependencia de la necesidad. Por el contrario, los indeterministas absolutizan la l. y niegan cualquier dependencia del ser humano con respecto a las leyes del desarrollo de la naturaleza. En la realidad la l. y la necesidad no son conceptos autoexcluyentes. Partiendo de un cuadro rígidamente determinista del universo, Spinoza definía la l. como una necesidad consciente, como opción por el hombre de tales acciones que no infrinjan las leyes naturales y las dependencias determinadas por la naturaleza, por las condiciones de la vida y las posibilidades reales. No se puede sobrepasar fuerzas espontáneas de la naturaleza tales como el eclipse de sol, las mareas, los terremotos etc., pero se las puede comprender para comportarse de un modo razonable y libre dentro de marcos naturales dados y, desde luego, se pueden utilizar concientemente las leyes en la actividad práctica para provecho del ser humano.

En las concepciones contemporáneas sobre el universo con sus principios de complementariedad, indefinición, tiempo irreversible, no se eliminan determinadas constantes que fijan limites rígidos (velocidad de la luz, cero absoluto, leyes de termodinámica, flecha de tiempo, etc.), pero a la vez los arcos de la opción libre se amplían considerablemente, sobre todo con motivo de la salida del hombre al cosmos, de los logros de la informática, de la fabricación de sustancias con propiedades nuevas, de la selección genética y la producción de organismos correspondientes. Se amplían substancialmente los marcos de la opción libre en la esfera socio-política y en el terreno de la obra artística.

En los períodos de crisis el espacio de la opción libre (y por consiguiente la medida de responsabilidad personal por las decisiones tomadas), es mucho más amplio que en los períodos de desarrollo estable de la sociedad.

La l. del ser humano tiene siempre contenidos precisos y se manifiesta en diferentes esferas. En la economía, el hombre puede ser libre si dispone de algunos medios de producción, medios de vida tales como tierra, vivienda, dinero. El ser humano puede ser liberado de cualquier propiedad privada, pero ello ocurre porque tal propiedad queda en manos de otros dueños. Pero la posibilidad hoy de que los medios y fuentes de producción sean propiedad de los trabajadores, inaugura una nueva etapa en el campo de la l. económica. En la política, la l. significa posesión de todos los derechos cívicos, coparticipación en la gestión y posibilidad de determinar independientemente sus intereses y acciones. En la esfera de la cultura se trata de la l. de la creación e independencia de los gustos y voluntad de los demás. En la esfera espiritual la l. significa derecho a tener o no tener determinadas creencias aceptadas socialmente y posibilidad de practicar el ateísmo o una determinada fe sin coacción.

La l. de uno no puede infringir la l. del otro, pero eso significa que deben existir reglas comunes de conducta, responsabilidad común, obligaciones y derechos simétricos. Aun el anarquismo pronunciándose por la l. absoluta de la persona y contra la autoridad, reconoce la interdependencia y la solidaridad como condiciones indispensables de la libertad personal, es decir, como autolimitación natural y normal de la l. La l. del ser humano es ante todo la capacidad de determinar por cuenta propia y sin presión externa, sus conductas y decisiones.

La l. moral no es igual al amoralismo y el nihilismo, aunque estas categorías tienen que ser consideradas como manifestaciones de la l. humana. La l. moral es una actitud creadora, innovadora, personal, frente a las tradiciones, los tabúes y los castigos vinculados a la coacción moral.

Arbitrariedad no es sinónimo de l., sino enajenación porque ésta se manifiesta de modo antihumano en la coacción de la intención de los otros. La auténtica l. del ser humano no puede ser limitada a él mismo, sino que supone, invariablemente, la presencia de la l. en los demás.