Momento humanista

De Humanipedia
Saltar a: navegación, buscar
El reino de Akenaton se considera un momento humanista

Situación histórica en la que una generación más joven lucha con la generación asentada en el poder, modificando el esquema antihumanista dominante. Frecuentemente, se identifica este momento con la revolución social. El m.h. adquiere plena significación si inaugura una etapa en la que sucesivas generaciones pueden adaptar y profundizar las propuestas de fundación de ese proceso. Frecuentemente, el m.h. es cancelado por la misma generación que había llegado al poder con la intención de producir un cambio de esquema. También ocurre que la generación que abre el m.h. fracasa en su proyecto. Algunos han querido ver en la conciencia social de distintas culturas la aparición de momentos humanistas, representados por una persona o un conjunto de ellas que tratan de institucionalizarlo desde el poder (político, religioso, cultural, etc.) y de una manera elitista y “descendente”. Uno de los ejemplos históricos destacables es el de Akenatón en el antiguo Egipto. Al tratar éste de imponer sus reformas, la reacción de la generación desplazada fue inmediata. Todos los cambios estructurales iniciados fueron destruidos y esto motivó, entre otras nuevas circunstancias, el éxodo de pueblos que partiendo de las tierras de Egipto llevaron consigo los valores de aquel m.h. Aun en culturas poco conocidas en profundidad, se ha podido observar este fenómeno representado, p. ej., en la Mesoamérica precolombina por la figura del gobernante tolteca de la ciudad de Tula, Topiltzin, a quien se adjudica la instauración de la actitud humanista denominada “toltecayotl”. Otro tanto ocurrió con el gobernante de Chichen-Itzá y fundador de la ciudad de Mayapán, llamado Kukulkán. También con Metzahualcóyotl, en Texcoco, se observa la apertura de un nuevo m.h. En la Sudamérica precolombina, la misma tendencia aparece en el Inca Cuzi Yupanqui, que recibió el nombre de Pachacútec, “reformador”, y en Tupac Yupanqui. Los casos se multiplican a medida que las culturas son más conocidas y, por supuesto, se discute el relato histórico lineal del siglo XIX.

Por otra parte, se ha interpretado la acción de los grandes reformadores religiosos y de los héroes culturales como la apertura de un m.h., continuado en una nueva etapa y hasta en una nueva civilización en la que se terminó, finalmente, desviando y anulando la dirección inicial.

En la configuración de la civilización global cerrada (Mundialización) que hoy se está desarrollando, ya no es posible un nuevo m.h. que pueda inaugurarse “descendiendo” desde la cumbre del poder político, económico o cultural. Se supone que esto ocurrirá como consecuencia del crecimiento de desorden en el sistema cerrado y será protagonizado desde la base social que aún sufriendo la desestructuración general, se encontrará con la posibilidad de hacer crecer organizaciones autónomas mínimas impulsadas por sus necesidades inmediatas. Estas acciones puntuales hoy están en condiciones de convertirse en efecto demostración merced al acortamiento del espacio que ofrece el desarrollo tecnológico y, particularmente, el incremento de las comunicaciones. La sincronización mundial contestataria de una pequeña capa generacional en las décadas del ‘60 y parte del ‘70 fue un síntoma de este tipo de fenómenos. Otro caso es el de los desbordes sociales capaces de sincronizarse entre puntos geográficos muy separados.