Tato, Néstor

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Néstor Tato es un estudioso, escritor y militante humanista argentino.

Biografía

AUTOPRESENTACIÓN (introducción de “La Necesidad de una Etica Sabrosa”)

Siempre creí que mi trabajo intelectual nada tenía que ver con mi militancia. De ahí que “los cajones” fueron acumulando borradores y no supe seguir a tiempo el consejo de sacarlos de allí. La inercia siempre me resultó llamativa porque es la madre de la morosidad que me aqueja. Y tengo que resolver con apurones de último momento. Como éste.

Por eso este libro va sin prólogo y ante la necesidad de que algo se sepa del autor, me autopresento. No voy a ser tan caradura de escribir sobre mí en tercera persona y sin firmar.

Para las referencias biográficas, nací en 1948, año cabecera de generación según algún cómputo que anda por ahí y resultó –creo- bastante acertado. Pertenezco a los que crecimos en la bonanza del primer peronismo, cuyas condiciones generó el jugoso intercambio comercial que provocó la Segunda Guerra Mundial.

Me formé en el Colegio Nacional de Buenos Aires, “cuna de próceres”, cosa que confirmaron algunos buenos compañeros míos que fundaron Montoneros. Con ellos “jugué a las bolitas” militantes. Eligieron las “metras” y yo, la mirada entre mansa y socarrona de ese indio esmirriado al que se le daba por atravesar la India a pie para buscar un puñado de sal.

Estudié Derecho por descarte sin saber que iba a apasionarme como herramienta de cambio social. La competencia con mi vocación espontánea, la Filosofía y su hija pretenciosa, la Psicología, estorbaron bastante mi desarrollo profesional. Y lo siguen haciendo. Por curiosidad me asomé a la Mediación y en el entrenamiento descubrí mi vocación práctica como un resultado sinergético de las teóricas. Pero no puedo de dejar de pensar. Es mi vicio preferido.

Siloista desde 1974, participé de la promoción de sus grandes proyectos desde distintos lugares. Me tocó coordinar la formación del Partido Verde y redactar sus documentos básicos. Para entonces ya tenía dos pequeñas a las que dediqué mis desvelos cuando me “dormí”, como dirían los masones. Por entonces, se me soltó la mano y empecé a escribir. Y, por necesidad, retomé mis estudios.

Hice un largo periplo de doce años durante los que me dediqué a leer de todo lo que tenía que ver con lo humano y profundicé en la Cosmología y la Psicología, mis pasiones. En 1994 redacté la primera versión de este ensayo para un concurso sobre ética profesional. Tuvieron la generosidad de devolverme los ejemplares… con las hojas pegadas, lo que fue un rasgo de honestidad. En el 2003 lo amononé para otro concurso sobre ética profesional. Fueron buenos ejercicios para encarar temas específicos a partir de la Fenomenología que sirve de base a la Psicología del Humanismo Universalista. Que es el punto de vista básico de este ensayo.

Mi afición por la docencia la canalizo dando conferencias, charlas y talleres en el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal, de cuyo Instituto de Filosofía del Derecho y Sociología Jurídica formo parte. A su Directora, Elvira Gargaglione, y a mis compañeros, entre quienes destaco a Osvaldo Paschero, Elías Benzecry, Analía Moler y Roberto Vernengo, les debo mucho del entrenamiento en el intercambio y la confianza en mi pensamiento.

Entré al mundo de la Filosofía por la puerta de una guardia hospitalaria. En 1969 un amigo me invitó a compartir la lectura de la Antropología Filosófica de Donceel con un médico pediatra, en el Hospital de Niños, durante sus guardias. Se llamaba Carlos Menegazzo. Fue uno de los primeros terapeutas junguianos y, para mí, el nexo con un loco lindo, uno de los sujetos más eruditos que conocí y vivía dando seminarios de Fenomenología y Marxismo antes de pegar un giro crematístico hacia el Psicoanálisis, Roberto Yañez Cortés. A él le debo la formación de mis circuitos neuronales básicos: un par de años leyendo la Crítica de la Razón Pura de Kant, Ideas I de Husserl y un seminario sobre Dialéctica, desde el pensamiento primitivo hasta el materialismo dialéctico con la imprescidible escala en la matriz hegeliana, me convencieron de mi verdadera vocación. Pero a poco de empezar la lectura de las Investigaciones Lógicas de Husserl, el viento de la vida me arrancó de los libros y me hizo yirar en busca de mi libertad. Así conocí el siloismo. Roberto nunca me lo perdonó porque quería que me formara con él. Pero yo necesitaba y anhelaba otra cosa. Quería experiencia. Y la encontré.

Silo nos dio las llaves del Reino. Desde ese umbral me asomé a las regiones ontológicas que Husserl clasifica en su introducción a Ideas. La visión de las esferas que plantea el Libro de las Estancias de Dzhian, es. Pero ese es otro tema. Que se podría enunciar más o menos así: “cómo llegar a la Trascendencia haciendo encuestas en una esquina”. Es increíble lo que puede provocar en uno el contacto sistematizado y sucesivo con muchas personas en lapsos breves.

Así que la larga vuelta que doy aquí para arribar al momento de decisión que implica lo ético, es también el largo recorrido que hice para encontrar mi corazón. Caminé con mi cabeza. Algo no muy recomendable. Pero fructífero. En nuestro equipamiento normal no contamos con otra herramienta para conocer la diferencia entre la paja y el trigo.

Trato de brindar un panorama unificado de las distintas franjas que integran nuestro mundo porque creo que lo ético abarca todo como su condición necesaria. Cuanto más amplia mi visión, más sabia será mi decisión. Quizás sea ésta la síntesis de todo lo que van a poder leer.

En todo caso, gracias por la paciencia. Y si esperan encontrar algo sobre la aplicación de los Principios, recomiendo consultar a algún entendido. Yo, no lo soy.

Por cualquier cosa, me encuentran en ntatom@gmail.com. Buena lectura. Y mejor vida. Buenos Aires, octubre 28 de 2008


Bibliografía

Esribió La Necesidad de una Etica Sabrosa, Ediciones El Escriba, y, en colaboración con Clara Serfaty La No Violencia a Través de sus Guías, Ediciones del Centro Mundial de Estudios Humanistas.